jueves, 17 de abril de 2014

La dama de Shalott

I parte
A ambos lados del río se despliegan
anchos campos de cebada y centeno,
que decoran la tierra y se reúnen con el cielo;
y a través del campo se extiende el camino
que va hacia las torres de Camelot;
y la gente va y viene,
contemplando el lugar donde se balancean los lirios
alrededor de la isla de allí abajo,
la isla de Shallot.
Los sauces palidecen, tiemblan los álamos,
Las leves brisas se ensombrecen y tiemblan
en las olas que discurren sin cesar
por el río que rodea la isla
fluyendo hacia Camelot.
Cuatro muros grises y cuatro torres grises,
dominan un lugar rebosante de flores,
y la silenciosa isla aprisiona
a la Dama de Shallot.
Por la orilla, cubiertas por los sauces,
se deslizan las pesadas barcazas
tiradas por lentos caballos; e ignorada
navega la chalupa con revoltosa vela de seda
rasurando las aguas hacia Camelot:
pero, ¿Quién la ha visto agitando su mano?
¿O asomada en el marco de la ventana?
¿Acaso es conocida en todo el reino
la Dama de Shallot?
Sólo los segadores, segando temprano
entre la espesura de cebada,
escuchan un canto que resuena vivamente
desde el río transparente que serpea,
hacia las torres de Camelot:
Y a la luz de la luna, el cansado segador,
apilando los fajos en aireadas mesetas,
al escucharla, murmura: “Es el hada
Dama de Shallot”.
II parte
Allí, noche y día, teje
un mágico lienzo de alegres colores.
Ha oído un susurro advirtiéndole
que una maldición caerá sobre ella
si mira hacia Camelot.
Desconoce el tipo de que maldición es,
y debido a ello teje sin parar,
sin preocuparse de nada más,
la Dama de Shallot.
Y moviéndose a través de un cristalino espejo
colgado todo el año ante ella,
aparecen las tinieblas del mundo.
Ve la cercana calzada
discurriendo hacia Camelot:
ve los arremolinados torbellinos del río,
los rudos patanes pueblerinos,
y las capas rojas de las muchachas,
provinientes de Shallot.
A veces, un grupo de alegres damiselas,
un abad deambulando,
a veces, un pastorcillo con bucles en el pelo ,
o un paje con melena y vestido carmesí,
van hacia las torres de Camelot;
Y a veces, a través del azul espejo
los caballeros vienen cabalgando en pares:
No tiene un caballero leal y franco,
la Dama de Shallot.
Pero aún gozando en tejer
en su lienzo las visiones del mágico espejo,
-cuando a menudo en las noches silenciosas
un funeral, con velas, penachos
y música, se dirigía hacia Camelot;
o cuando la luna estaba en lo alto,
y llegaban dos amantes recién casados-
“Cansada estoy de las sombras”,
dijo la Dama de Shallot.
III parte
A tiro de arco de su alero,
cabalgaba entre los fajos de cebada,
el sol resplandecía por entre las hojas,
y llameó en las grebas de bronce
del intrépido Lanzarote.
Un cruzado de rodillas para siempre
ante una dama en su escudo,
que resplandecía entre los dorados campos, cercanos a la remota
Shallot.
Las engarzadas bridas brillaban libres,
como las ramificaciones estelares que vemos
suspendidas en la áurea Galaxia.
Alegres resonaban los cascabeles
mientras él cabalgaba hacia Camelot:
y de su ostentoso tahalí colgaba
un poderoso clarín de plata,
y al galope su armadura repicaba,
cerca de la remota Shallot.
Bajo el azul del despejado día
brillaba la lujosa montura de cuero,
el yelmo junto con su pluma
ardían juntos en una única llama,
mientras él cabalgaba hacia Camelot.
Como suele suceder en la purpúrea noche,
bajo radiantes constelaciones,
algunos meteoros, trayendo una estela de luz gravitan sobre la
apacible Shallot.
Su frente clara y amplia resplandecía al sol;
con cascos bruñidos pisaba su caballo;
bajo el yelmo flotaban sus rizos
negros como el carbón mientras cabalgaba,
mientras cabalgaba hacia Camelot.
Desde la orilla y el río
Brilló en el cristalino espejo,
“Tirra lirra”, por el río
cantaba Sir Lancelot.
Ella dejó el lienzo, dejó el telar,
dio tres pasos por la habitación,
vio florecer el lirio en el agua,
vio la pluma y el yelmo,
y miró hacia Camelot.
La tela salió volando y ondeó en el vacío;
El espejo se quebró de lado a lado;
“la maldición cae sobre mí”, gritó
la Dama de Shallot.
IV parte
Tensos, bajo el tormentoso viento del este,
los dorados bosques empalidecían,
la corriente gemía en la ribera,
el cielo encapotado llovía fuertemente
sobre las torres de Camelot;
Ella descendió y halló una barca
flotando junto al tronco de un sauce,
y alrededor de la proa escribió
“La Dama de Shallot”.
Y en la oscura extensión río abajo
-como un audaz vidente en trance,
contemplando su infortunio-
con turbado semblante
miró hacia Camelot.
Y al final del día
la amarra soltó, dejándose llevar;
la corriente lejos arrastró
a la Dama de Shallot.
Yaciendo, vestida con níveas telas
ondeando sueltas a los lados
-cayendo sobre ella las ligeras hojas-
a través de los susurros nocturnos
navegó río abajo hacia Camelot:
Y yendo su proa a la deriva
entre campos y colinas de sauces,
oyeron cantar su última canción,
a la Dama de Shallot.
Escucharon una tuna, lastimera, implorante,
tanto en voz alta voz como en voz baja,
hasta que su sangre se fue helando lentamente,
y sus ojos se oscurecieron por completo,
vueltos hacia las torres de Camelot;
Y es que antes de que fuera llevada por la corriente
hacia la primera casa junto a la orilla,
murió cantando su canción,
la Dama de Shallot.
Bajo torres y balcones,
por muros de jardín y tribunas,
con brillante esbeltez pasó flotando,
entre las casas, pálida como la muerte
y silenciosa por Camelot.
A los muelles acudieron,
caballeros y burgueses, damas y lores,
y en torno a la proa su nombre leyeron,
La Dama de Shallot.
¿Quién es? ¿Y qué hace aquí?
Y junto al iluminado palacio,
cesaron los sones de vitoreo real;
y temerosos se persignaron
todos los caballeros de Camelot:
Pero Lancelot se quedó pensativo;
dijo, “Tiene un rostro hermoso;
Dios, en su bondad, la llenó de gracia,
a la Dama de Shallot”.



Nazis y aliens

Existe el mito de que, en la Segunda Guerra Mundial, los nazis fueron ayudados y posteriormente engañados por los alienígenas.
Fuentes anónimas afirman que, en una de sus venidas a la Tierra, los alienígenas encontraron el mundo en guerra y, viendo que la Alemania nazi era la nación más avanzada de su momento, decidieron ponerse en contacto con ellos.
Según estas fuentes, el bunker en el que se escondió Hitler durante los últimos meses de la guerra estuvo a menudo rodeado de OVNIs y otros extraños transportes debido al continuo contacto con estos seres.
Estas relaciones dieron a Hitler las ideas que conllevarían la aparición de otros mitos: base secreta en la Antártida, túneles que atravesaban el Atlántico, ciudades subterráneas en los Balcanes...
También se dice que la tecnología nazi avanzó mucho gracias a estos contactos.
Los extraterrestres mostraron a Hitler la energía Vril que ellos utilizaban, de origen desconocido pero que nunca se acababa y era más potente que la energía nuclear.
A su vez, se cree que los nazis llegaron a desarrollar la tecnología suficiente para crear sus propios OVNIs.
Sin embargo, las razones que se exponen para explicar que nada de esto haya llegado hasta nuestros días, es que los extraterrestres también se pusieron en contacto con soviéticos y británicos, señalándoles los lugares donde los nazis trabajaban con toda esta tecnología e instándoles a que los destruyeran.
De esta forma los aliens comprobaron la capacidad de desarrollo del ser humano pero evitaron que pudieran llegar a utilizar sus propios descubrimientos contra ellos.
Pero todo esto son mitos y leyendas.
O no... 



El Trino del Diablo

Giuseppe Tartini es conocido por ser quizá el mejor violinista que la humanidad ha conocido nunca. Cuentan las malas lenguas que el tremendo talento para el violín que poseía no era sólo fruto de práctica y constancia, sino que el diablo había metido la mano en el asunto.
Todo lo que Tartini tenía de virtuoso a la hora de hacer música, lo tenía de antipático y excéntrico a la hora de comportarse en sociedad. Se cuenta que de joven, escuchó a alguien que tocaba mejor que él, y su rabia fue tal que se recluyó a las afueras de la ciudad, para practicar a solas, hasta que su talento superó con creces el del otro intérprete. Era un hombre entregado en cuerpo y alma a su talento musical, descuidando todo lo demás si era necesario. Tartini era capaz de practicar doce horas al día sin descanso, y estar noches en vela y semanas enteras recluido en su casa sin más ocupación que su violín.
El mismo Tartini escribió que una noche, Satanás se le apareció en un sueño y le pidió su violín, pues le apetecía improvisar una pequeña pieza. El asombro del violinista fue inmenso al ver al Diablo tocar una complicadísima composición, con una virtuosidad y una bravura nunca vistas. Estaba tan fascinado que llegó a un estado cercano al éxtasis, hecho que le hizo despertar violentamente. Tartini se pasó aquella madrugada y casi todo el día siguiente transcribiendo la complicadísima obra que el Diablo le reveló en sueños. Y lo consiguió.

Esta sonata pasó a llamarse el "Trino del Diablo", y es una de las composiciones más famosas y más complicadas de la historia de la música. Fue también la obra que dio gran renombre a Tartini, y que hizo que se le conociese como el mejor violinista de todos los tiempos. Si así lo deseas, puedes escucharla más abajo.


miércoles, 16 de abril de 2014

Luces

Era ya la quinta noche seguida que aquel estudiante no conseguía conciliar el sueño. Arrastraba un grave problema de insomnio desde que comenzó la carrera, problema que estaba comenzando a afectar a su vida social y a su rendimiento académico. Infusiones, somníferos y remedios de toda clase no daban resultado, o dejaban de darlo pasadas unas semanas de tratamiento. Su carácter, antaño alegre y vivo, había degenerado hasta convertirlo en un ser huraño y callado, rayando casi en la misantropía.
Aquella noche, el joven se acostó en la cama, resignado a no dormir una noche más. Su mirada, que iba posándose en los diversos rincones de su habitación, fue a parar a la ventana, donde permaneció a causa de un detalle inusual que había en ella. En medio de la oscuridad habitual podían distiguirse dos pequeñas luces lejanas que antes no estaban ahí. Eran prácticamente del mismo tamaño, de un color entre blanquecino y amarillento, y se hallaban muy próximas la una de la otra. Tenían un brillo extraño, como tranquilizador, que incitaba a observarlas. Y fue observándolas como poco a poco, el estudiante comenzó a sentirse cada vez más cansado, hasta que finalmente cerró los ojos y cayó víctima del sueño.
A la mañana siguiente, el joven se despertó y cayó en la cuenta de que había conseguido dormir gracias a aquellas misteriosas luces. En su interior, se sintió muy agradecido a quien fuese que las hubiese colocado, y se dispuso a comenzar la jornada con fuerzas renovadas.
Desde aquel día, el estudiante sólo tenía que quedarse mirando aquellas curiosas luces para conseguir dormir como un ángel. Su carácter volvió a ser el de antes y sus relaciones sociales mejoraron mucho. Incluso sus notas, que al principio eran medianamente aceptables, se vieron incrementadas a causa de la recuperación del sueño perdido.
Un día, al joven le entró la curiosidad de saber de dónde provenían aquellas luces que tanto bien le habían aportado. Abrió la ventana de su habitación y escrutó con atención el paisaje de la ciudad, buscando algún foco potencial de luz. Sin embargo, por más que forzaba la vista, no conseguía encontrar dos fuentes de iluminación semejantes y lo suficientemente próximas como para que la luz que proyectaban llegase a distinguirse con tanta claridad.
Sin embargo, cuando al joven se le ocurrió bajar la mirada y vio el estado de la repisa, su corazón dio un vuelco. Todo el ladrillo estaba rayado, como si un animal se hubiese apoyado en él, y las marcas no eran precisamente pequeñas. En algunos puntos, incluso se apreciaban muescas horadadas en el material. Asimismo, el borde de madera de la ventana presentaba marcas de grandes garras, hasta el punto en el que había partes en las que la madera había sido completamente arrancada de su sitio.

Desde aquel día, los problemas de insomnio del estudiante aumentaron. 

martes, 15 de abril de 2014

Aracne

Se conoce a Atenea por ser diosa de la guerra y la sabiduría griega. Mas algo que muchos desconocen es que además era diosa de la artesanía y esto le costó a Aracne un gran precio.
Aracne era hija de un tintorero, que era conocido por todos por teñir la lana con púrpura de Tiro. Fue aquí donde Aracne empezó a darse a conocer y donde se volvió una virtuosa del tejido y el bordado.
Tantas eran las alabanzas que recibía que se le acabaron subiendo a la cabeza y comenzó a alardear de ser más habilidosa que la misma Atenea. Esta aunque soberbia como todas las diosas, era compresiva y decidió darle a Aracne la oportunidad de redimirse de su osadía.
Así pues, Atenea se presentó en el puesto de Aracne, disfrazada de anciana. Con esta forma, la anciana le advirtió que no tentase a los dioses, y procurase no ofenderlos. La tejedora se burló y retó a quien quisiese a demostrar que era mejor que ella. Atenea, furiosa se quitó el disfraz y aceptó el reto.
Atenea tejió la escena de su victoria sobre Poseidón, que inspiró a los ciudadanos de Atenas para bautizar la ciudad en su honor. Según el relato latino de Ovidio, el tapiz de Aracne representaba veintidós episodios de infidelidades de los dioses disfrazados de animales: Zeus siendo infiel a Hera con Leda, con Europa, con Dánae y con otras.
Atenea tuvo que admitir que la obra de Aracne era perfecta, pero se enfadó muchísimo por la irrespetuosa elección del motivo. Perdiendo los estribos, la diosa destruyó el tapíz y el telar de Aracne golpeándolos con su lanzadera, y también golpeó en la cabeza a la joven. Aracne, que advirtió su insensatez y embargada por la vergüenza, huyó y se ahorcó.

En el relato de Ovidio, Atenea se apiada de Aracne y la rescata. Con jugo de acónito aflojó la soga que se convirtió en telaraña, y para castigarla por su atrevimiento hacia los dioses, la transformó en araña.

Ninfas

En la mitología griega, una ninfa era una deidad menor femenina asociada a un lugar natural concreto, como un manantial, un arroyo, un monte o una arboleda.
Se decía que eran hijas de Zeus y que tenían el nombre de olímpicas, lo que implicaba que podían ir al Olimpo como las deidades mayores. Diferentes de los dioses, las ninfas solían considerarse espíritus divinos que animaban a la naturaleza, se representaban como hermosas doncellas, desnudas o semidesnudas, que se entretenían baliando, cantando, y enamorando a los mortales. Se creía que moraban en la tierra: en árboles, en las cimas de montañas, en ríos, arroyos, cañadas y grutas. Según el lugar que habitasen se las llamaba Agrónomos, las ninfas de los campos, Orestíades, ninfas de las montañas, y las Náyades, ninfas del agua. Se decía que eran tantas ninfas que eran incontables.
Aunque se cuenta que ni envejecían ni podían morir por enfermedad, y eran capaces de engendrar de los dioses hijos completamente inmortales, ellas no eran inmortales completamente, ya que podían morir por causas diversas, como se demuestra en varios mitos.

Luna de sangre

La Luna se volvía de un extraño tono rojizo… Era como si sus lágrimas tibias y transparentes se tiñeran por la oscuridad de la sangre…”.
Dicen que cada 500 años la luna se torna de un color rojizo similar al de la sangre, y que es en esa noche cuando sale lo peor de nosotros. Dicen que el hombre se vuelve loco y le embarga la maldad, que asesina con mayor placer y hace mucho más daño a sus semejantes. Que los vampiros beben sangre pero no pueden saciar su sed, y mientras siguen manchando sus labios de su alimento temen la gran batalla, que lleva durmiendo siglos, y que será liberada por los ancianos de su estirpe. Que los licántropos son más imparables que nunca, más salvajes y desatados, y será la única vez que se les permita engendrar, dando lugar a una estirpe pura. Que los demonios adquieren nuevas habilidades para conseguir sus fines. O que los brujos consiguen aumentar su poder hasta invocar a demonios y pedirles favores.
Dicen que en estas noches, el hombre consigue el poder, se rebela a lo correcto y peca. Que las calles se llenan de sangre, al reflejo de la roja luna, y que el mal acabará con la vida en cualquier rincón de vuestra ciudad. Y será entonces cuando se abra la batalla de las batallas: todas las criaturas del mal lucharán por dominar el mundo.
Hoy nos corona la Luna de Sangre, atentos a lo que nos depara la noche. 


Cachorro

Vivía en Triana un gitano, de los conocidos como castellanos nuevos, apodado "Cachorro", quien atravesando cada día el puente de barcas, junto al castillo de San Jorge, llegaba a Sevilla.
Un payo residente en la ciudad empezó a sospechar de este hombre, pensando que su visita no era por otro motivo que el de cometer adulterio con su propia esposa. Los celos llegaron a tales extremos que, cierto día, sabiendo de la visita del gitano a la venta Vela, lo esperó oculto. No hizo mas que llegar, ajeno a la suerte que iba a correr, mientras sacaba agua del pozo que junto a la venta existía, le fueron asestadas siete puñaladas que le ocasionaron la muerte.
Se asegura que Francisco Ruiz Gijón, el escultor de la imagen del Cristo de la Expiración, estuvo presente en el suceso y que tuvo oportunidad de presenciar la agonía del gitano Cachorro. Captó con la mirada el rostro de aquel moribundo en el instante de su muerte e hizo suya la expresión terrible que plasmó con toda naturalidad en la obra que en esos días estaba realizando.

La leyenda vino a completarse con la investigación llevada a cabo por la justicia en la que al fin se conoció la verdad. En efecto el gitano Cachorro visitaba cada día a una mujer, aunque resultó que esta dama era en realidad su propia hermana bastarda. El gitano, en el intento de mantener el secreto por temor a perjudicarla, dado su origen, había sido descubierto y acusado de aquellas erróneas intenciones.

Tiresias

Tiresias es un adivino muy conocido en la mitología griega. Nacido en la ciudad de Tebas, se dice que es el único mortal que ha conocido ambos sexos.
Tiresias era un hombre que quedó ciego desde muy joven. Según se cuenta, su ceguera proviene de la diosa Atenea, ya que un Tiresias adolescente la sorprendió mientras se bañaba en un río. Otras fuentes dicen que fue la diosa Hera la que lo dejó sin vista, al darle Tiresias la razón a Zeus en una disputa que mantenía la pareja divina sobre cuál de los dos sexos experimentaba más placer sexual.
Según narra Ovidio, una mañana Tiresias encontró a dos serpientes que estaban en pleno acto de apareamiento. El joven las separó, y este hecho provocó que acabase convertido en mujer. No fue hasta siete años más tarde, cuando Tiresias volvió a encontrar a las mismas serpientes realizando el mismo acto y las volvió a separar, que recuperó su condición de varón.
Fue este hecho el que provocó que Zeus y Hera recurriesen a él para mediar en su discusión sobre cuál de los dos sexos experimentaba mayor placer. Tiresias confirmó que era la mujer, dando la razón a Zeus, y fue entonces cuando según se dice, Hera le dejó ciego.
Para compensarle, Zeus otorgó a Tiresias el don de ver el futuro y la condición de oráculo, además de una larga vida en comparación al resto de los mortales. Asimismo, en la Odisea se dice que Tiresias fue el único que conservó su conciencia y sus capacidades de adivinación pasada la muerte, en el Inframundo.

Los cuatro Jinetes del Apocalipsis

Según los escritos bíblicos, los Jinetes del Apocalipsis serán los que dirijan la destrucción del mundo mortal cuando comience el Armagedón.
Serán enviados por Dios a la Tierra para transportar las plagas y aparecerán cuando Jesucristo abra los cuatro primeros sellos de los siete que posee el pergamino que Dios lleva en su mano derecha.
Al contrario de lo que muestran libros, películas y otros trabajos mal documentados, los cuatro Jinetes de los que habla la Biblia son Victoria, Guerra, Hambre y Muerte, siendo este último el único cuyo nombre se menciona, pudiendo ser también su nominación la de Peste.
Victoria es el Jinete que cabalga en blanco corcel.
"Cuando abrió el primer sello, oí al primer ser viviente, que decía: Ven. Miré y vi un caballo blanco, y el que montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor, y para vencer."
Porta un arco como símbolo de la expansión del Cristianismo por todo el mundo, una expansión manchada de sangre. Simboliza los engaños, la maldad camuflada en una bella apariencia, los falsos profetas que engañan a las mentes débiles y las conducen al precipicio prometiéndoles una inexistente paz eterna.
Guerra, el segundo Jinete, monta en un caballo rojo como la sangre.
"Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: "Ven". Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande."
Porta una espada con la que siembra la discordia y la destrucción, simbolizando todas las Guerras Santas que han llevado a cambio los hombres justificando la brutalidad y la codicia bajo la imagen de la fe.
El tercero de los Jinetes es Hambre, que cabalga un corcel negro.
"Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: "Ven". Miré, y vi un caballo negro. El que lo montaba tenía una balanza en la mano."
Hambre porta una balanza semejante a las que se utilizaban para pesar el pan en época de escasez y con ella distribuye el alimento de manera desigual, quitándole el pan a unos para dárselo a otros y a éstos para dárselo a los siguientes, de tal forma que todo el mundo tenga comida pero nadie pueda comer.
También es el encargado de que al Templo de Jerusalén nunca le falte comida mientras a su alrededor se amontonan los cuerpos de los hambrientos.

El último de los Jinetes es Muerte, montada sobre un caballo pálido y enfermizo, del mismo color que los cadáveres.
"Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: "Ven".
Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra."
También se le llama Peste o Pestilencia por la mortandad que ésta provoca y la plaga que este Jinete trae.
Unos escritos dicen que le acompaña Hades; otros, que porta una guadaña. 


lunes, 14 de abril de 2014

Feng Huan

Esta vez voy a hablar sobre Feng Huan, el ave fénix propia de China. Después del dragón, se trata de la criatura mítica más respetada para los chinos en su calidad de soberana de todas las aves. Las descripciones del Feng Huan varía, pero la mayoría enfatiza los colores encendidos del plumaje de su cola, que se parece a la de los pavos reales, la cabeza y el cuerpo de faisán, los cuartos traseros de ciervo y el cuello de serpiente. Su cuerpo simboliza a los seis cuerpos celestes; Cielo (cabeza), Sol (los ojos), Luna (el lomo), Viento (las alas), planetas y estrellas (cola). Como dato relevante diré también que sus plumas contienen los 5 colores elementales: negro, blanco, rojo, verde y amarillo.
Originalmente, el Feng Huan era en realidad la unión de dos aves. Feng era el espécimen macho (o yang y símbolo del ciclo solar) y Huang era el pájaro hembra (o ying, representación del ciclo lunar). Las imágenes de ambas aves unidas simbolizaban el amor eterno entre marido y mujer, razón por la cual en las bodas chinas destacaban las decoraciones con varias aves similares a Feng Huan.
Con el paso del tiempo, las aves macho y hembra se fusionaron en una única criatura hembra, símbolo de la emperatriz china, en especial cuando aparecía emparejada con el dragón, que representaba al emperador.


Según la leyenda, Feng Huan apareció por primera vez ante el emperador Huang Di alrededor del año 2600 a. C. Al igual que el unicornio chino Ch'i lin (conocido como Kirin), la llegada del ave señaló una época de prosperidad y marcó el ascenso al trono de un magnánimo nuevo emperador. Esta creencia se ve reflejada en este refrán chino "Cuando el Dragón se eleve y el Fénix dance, el pueblo será feliz durante años, porque ambos aportarán paz y tranquilidad a todos los que vivan bajo los cielos".

El Feng Huan encarna cinco virtudes: benevolencia, rectitud, propiedad, sabiduría y sinceridad, y según la mitología china se trata de una de las cuatro criaturas celestiales que rigen los cuadrantes del Cielo. El dragón verde rige el este y la primavera; el tigre blanco el oeste y el verano; la tortuga negra el norte y el invierno; y el fénix rojo el sur y el otoño.

Los peces ignorantes

Cierto día se encontraron en el océano un Atún, una Merluza y una Dorada. Se pusieron a hablar de banalidades, ya se sabe que los peces carecen de buena memoria y no son precisamente unos intelectuales; sin embargo, en cierto momento de la insulsa conversación, el Atún dijo:
-Señoras, he aquí una pregunta que me tiene hastiado por no encontrarle respuesta.
"¿Sabrían decirme qué es el agua? Porque, para mí, se trata de una materia completamente desconocida."
La Merluza, con aire intelectual, intervino tajante:
-El agua es una invención de ciertos pescados filósofos que no tienen otra cosa que hacer que divertirse entreteniéndonos con sus historias. Créanme, es algo por lo que no merece la pena preocuparse ni un instante.
La Dorada opino entonces:
-El agua es una fuerza invisible y maravillosa que concede poderes mágicos a aquellos que aprenden a dominarla según los ritos de los antepasados.
Como no llegaban a un acuerdo y cada uno despreciaba las ideas de los demás, decidieron ir a buscar a algún habitante marino lo suficientemente sabio como para resolver la disputa.
Encontraron a una Ballena, de edad venerable y gran experiencia como viajera, que quizás podría resolver todo aquel asunto.


Le presentaron sus respetos y le hicieron la pregunta que les torturaba:
"¿Qué es el agua?"
Ella les contestó:
-El agua es el elemento vital en el que vivís y también del que coméis. Os rodea por todas partes y penetra en vosotros hasta el punto de que casi sois uno con ella. Vivís y nadáis dentro del agua y si salís de ella morís. Por eso no la veis, ya que lo más difícil de ver es lo que tenemos más cerca de nosotros.
Los tres peces se miraron entre ellos, dieron las gracias de manera confusa y se marcharon.
Cuando estuvieron lejos de la Ballena, comentaron:
-¿Y la llaman sabia? Está loca y desvaría, no tiene idea de lo que habla.

Y cada uno se fue por su lado tras haberse puesto de acuerdo en contra de la ballena, aún dándole vueltas a su propia teoría. 

Mate

Narran los guaraníes, que la luna, Yacy, paseaba siempre curiosa, observando todo bajo ella. Los bosques, las lagunas, los ríos y las altas montañas. Cada noche contemplaba el mundo, con curiosidad infantil, como si fuese la primera vez.
El sol y las estrellas le contaban relatos de lo que había visto en sus visitas a la tierra, y las nubes maravillaban a Yacy con todo aquello que vivían cada vez que bajaban. Le contaban como vivían los animales, cuan bellas eran las flores y lo mágico de su aroma, el piar de los pájaros, el murmullo del río... Todo aquello no hizo más que agrandar la curiosidad de la Luna, que deseaba con fuerza pisar el verde manto terrestre.
Con este deseo se dirigió con su amiga Arai, la nube, a pedirle permiso a Kuarai, el dios sol, para poder bajar a la tierra una noche. Este, sabiendo los peligros que implicaban bajar a la selva, intentó disuadirlas. Pero tales eran las ganas de ambas, que no tuvo más remedio que acceder. A condición de que serían vulnerables a los peligros de la selva, como todos los humanos, pero estos no podrían verlas. Contentas y emocionadas por poder ver todas las maravillas de la tierra, marcharon felices.
Así fue como Yacy y Arai, la luna y la nube, bajaron a la tierra, convertidas en dos bellas jóvenes de pálida piel y larga cabellera.
Observaron asombradas como las arañas tejían, como vivía la gente en los poblados, sintieron el agua y el viento en su piel. Y se sentían fascinadas por todo aquello que habían visto desde el cielo.
Tan absortas estaban las diosas que no vieron aparecer al jaguar que las acechaba. Este, muerto de hambre las vio como un sabroso bocado. Estaba tan cerca que de un zarpazo serían suyas.
A tan solo unos segundos de la desgracia de muchachas, una flecha atravesó el cuerpo del jaguar. Un cazador guaraní había salvado la vida de las deidades sin darse cuenta, puesto que ellas eran invisibles. El cazador, cansado y feliz por la caza, se echó a descansar bajo la sombra de un árbol.


En sueños, las diosas se le aparecieron, vestidas de blanco, hablándole con cariño, ambas le agradecieron el haberle salvado la vida. Yacy le dijo, que como gesto de eterna gratitud, encontraría una planta que uniría a todas las tribus y sería símbolo de hermandad entre ellos.
Al despertar y volver con su gente, comprobó que la planta allí crecía. Así que el cazador buscó una calabaza hueca, y siguiendo las instrucciones de la luna, picó, secó las hojas y le añadió agua caliente. Tras esto, con una pequeña caña, probó la infusión.
El cazador compartió la bebida con su tribu, y estos se sintieron felices y en paz. Así nació la planta del mate, regalo de la Luna, símbolo de paz y fraternidad, para que los hombres se sientan unidos y la compartir convivencias, fomentar amistades o disfrutar simplemente en un agradable silencio, escuchando a la naturaleza. 

Simurgh

Simurgh, el fénix de oriente, es el ave mítica de Persia, tan antigua que ha presenciado la destrucción del Universo en más de tres ocasiones. Se trata de una inmensa criatura con forma de pavo real y plumaje espectacular, que posee las garras de un león y es lo suficientemente grande como para cargar con un elefante o una ballena.


En un clásico de la literatura sufí titulado 'La conferencia de los pájaros', de Farid ud-Din Attar, mil aves vuelan tras una pluma caída del cuerpo de un Sumurgh. Después de recorrer siete valles y superar cientos de dificultades y pruebas, treinta de los pájaros llegan a la morada del Simurgh cuyo nombre puede ser traducido como "treinta pájaros". Cuando ven al ave, los pájaros se dan cuenta de que la identidad individual no existe, ellos son el Simurgh y el Simurgh es ellos. Entonces, al igual que gotas que caen en el océano, se sacrifican gloriosamente a si mismos en el Simurgh y encuentran la paz mística, la dicha y la inmortalidad.

Arpías

Ente mitad mujer y mitad águila, llamado arpía, tienen un cuerpo y faz pálidos a causa de una sensación de hambre nunca satisface.
Suelen ser denominadas arrebatadoras por su costumbre de volar en picado hacia comida ajena y apropiarse de ella. Estos seres son los descendientes de Equidna y Tifón, apareciendo en las sagas de dos héroes clásicos: Jasón y Eneas. 
Fineas, rey de Tracia, estaba recibiendo el castigo de Zeus por utilizar erróneamente su don de la profecía y revelar demasiada información sobre el futuro.
Se encontraba exiliado en una isla donde siempre encontraba suntuosos banquetes, pero cada vez que Fineas se sentaba a la mesa para comer, las arpías descendían, le arrancaban los alimentos de las manos y estropeaban el resto, tortura que continuó hasta la llegada de Jasón y los Argonautas.
Dos de los miembros de la tripulación eran hijos de Bóreas, el Viento del Norte, así que, gracias a su aptitud para volar, persiguieron a las arpías pero no les dieron muerte, respetando la voluntad de una de sus hermanas, Iris, diosa del arcoíris.

Iris prometió que sus terribles hermanas no volverían a atormentar a Fineas. Y este, en señal de agradecimiento, guió a los Argonautas en el siguiente tramo de su búsqueda del Vellocino de Oro.

Sleipnir

Sleipnir, el caballo de ocho patas de Odín, líder de los dioses nórdicos. 
Este ser, veloz y temerario, con un solo paso gigantesco podía transportar al padre dios en las ocho direcciones de los cielos.
La criatura nació cuando un gigante de roca, disfrazado de mampostero, fue contratado para reparar el muro que circundaba Asgard (el hogar de los dioses) en un plazo de seis meses. 

A cambio, los dioses prometieron entregarle a la diosa Freya, así como al Sol y la Luna. Con ayuda de su corcel Svalidfari, el mampostero trabajó a tanta velocidad que los dioses temieron que tendrían que pagarle como habían prometido. 

Así que el dios Loki se transformo en yegua y sedujo a Svalidfari. 
Enfadado por no poder finalizar el muro a tiempo, el mampostero reveló su verdadera identidad y el dios Thor le dio muerte con un golpe de martillo. 
Meses más tarde, Loki se presentó ante Odín con el vástago de su unión con Svalidfari: Sleipnir, el mágico potro de ocho patas. 

Tsukimi

Hablemos del Tsukimi, pues, tradición china que llegó a japón hará unos 1500 años, que consiste en mirar la luna el primer día de otoño en la cual el astro se encuentre en su mayor amplitud, aunque esto no se remite solo a un día, pudiendo llegar a ser hasta 3.
La mitología china nos cuenta que esos días se pueden ver conejos correteando y saltando por la Luna.
Al igual que gracias a China llegó a Japón esta costumbre o leyenda, antes de llegar a China nació en el seno de la mitología hindú.
Según la leyenda Buddha en una de sus muchas reencarnaciones fue un conejo cuyo círculo de amigos eran un mono, una zorra y una nutria. Un día, Buddha propuso que todos los días de luna llena buscarían comida para dársela a la gente hambrienta, así que el primer día que el astro se dejó mostrar en todo su esplendor el mono trajo plátanos en abundancia, la zorra un pequeño cervatilo y la nutria una canasta llena de pescado. Buddha no pudo traer nada porque lo único que comía era hierba y su alimento no entraba en la costumbre alimentaria de los humanos, así que se dio cuenta del gran problema en el que se había metido. Por lo que ni corto ni perezoso decidió que ofrecería su carne como comida.


Comunicó su decisión al Rey del Cielo y cuando llegó el momento el monarca creó una inmensa hoguera y Buddha de un salto se adentró en ella. Pero el fuego que había creado el rey no estaba caliente, así que, como el pequeño conejo no se quemó, el profeta comenzó a quejarse del fuego preparado por el monarca, a lo que este respondió: “Lo importante es que tuviste buena voluntad y fuiste sincero cumpliendo tu promesa de dar tu propia carne como comida. Tu buena voluntad y tu proeza no serán olvidados”. A continuación, el “Rey del cielo” dibujó un enorme conejo en la superficie de la Luna que recordaría a todas las futuras generaciones la proeza y la buena voluntad del Buddha-Conejo.


La leyenda cambia un poco dependiendo de la situación geográfica: en China se cree que en la Luna hay un conejo creando el elixir de la inmortalidad. En Japón se cree que lo que hace el conejo, en vez de crear el elixir de la inmortalidad, es amasar mochi (Dulce de arroz) con un mazo. Este proceso de amasar el mochi se dice en japonés “mochitsuki” (餅つき) que casualmente coincide con la pronunciación en japonés de la palabra “Luna llena” (mochitsuki 望月).

Hermafrodito

Afrodita en unos de sus tantos amoríos tuvo con Hermes un vástago, al que en honor de los padres, llamaron Hermafrodito. Pero Afrodita, sintiéndose culpable del adulterio, dejó al recién nacido en manos de las ninfas del monte Ida, con quienes se crió.
El joven Hermafrodito creció convirtiéndose en un joven de extraordinaria belleza, nada raro, siendo hijo de quien era. Un buen día, decidió recorrer Grecia, y yendo de camino a Caria, debido en parte al calor, y en parte al cansancio, se dispuso a bañarse en un lago cercano.
En este lago vivía una náyade, de nombre Salmacis, que al ver el hermoso cuerpo desnudo de Hermafrodito, cayó presa del deseo y la pasión hacia el muchacho. La náyade se acercó, coqueta y desnuda, a seducir al muchacho, más de este solo recibió rechazo. Salmacis, insistente, le siguió allá a donde iba, y cuando le vio entretenido, en una fuente cercana, se abrazó a él con fuerza, arrastrándolo al agua. Hermafrodito intentaba zafarse en vano, y mientras forcejeaban, la náyade desesperada, clamó a los dioses diciendo "!Te debates en vano, hombre cruel!, !Dioses, haced que nada pueda separarlo de mi, ni a mi de él!" Los dioses atendieron a su súplica y los fundieron a los dos en un solo ser, de doble sexo.
Hermafrodito suplicó a sus padres, furioso, que todo aquél que se bañase en aquel lago, corriese su misma suerte, y perdiese su virilidad al instante. De ese modo todo el que en sus aguas se bañase, acabaría con un sexo doble.Tal y como los dioses con él hicieron. 

Hero y Leandro

Cuentan de Hero que fue una bella joven, que cuidaba y servia en uno de los templos de Afrodita, cercano a Sestos, pues era allí donde la joven vivía, en una torre cerca de la costa. Dicen de ella que era tan bella que Apolo y Eros la deseaban con fervor. Pero quiso el destino que su amor fuera a caer sobre Leandro, un apuesto muchacho de Abido, al otro lado del estrecho. Este joven cruzaba a menudo el estrecho que les separaba para cortejarla y entretenerla con bellas poesías. Mas los padres de ambos jóvenes se opusieron al casamiento que los dos tanto deseaban, y cansados un día de sus flirteos, les prohibieron volver a mantener contacto con el otro. La pareja, resignada, no tuvo más remedio que acatar las ordenes de sus progenitores, hasta que idearon un plan para volverse a ver.
Cada noche, Hero encendería desde su torre una vela, que haría las veces de linterna, para que Leandro pudiese seguir el camino y cruzar sin problemas para ver a su amada. Así lo hicieron, y durante algún tiempo el plan fue perfecto, y los amantes se encontraban en secreto hasta casi el amanecer. La pena embargaba a la pareja en cada despedida, pero la esperanza de otra noche les mantenía con fuerzas. Fue así hasta que una noche en la que Leandro cruzaba, una fuerte tormenta comenzó, y el viento apagó la vela de Hero. El joven, perdido en medio del estrecho, luchó contra las corrientes para intentar llegar a la orilla, pero fue en vano. La barca se hundió, y con ella, el amante.
Atemorizada por lo que podía haberle pasado a su amor, Hero bajó corriendo al amanecer, cuando la tormenta amainó, en busca de algún indicio que pudiese darle la esperanza de que Leandro estaba vivo. Pero su desolación fue inmensa cuando, mientas buscaba en el horizonte, el mar trajo a la costa el cuerpo sin vida de Leandro.
Rota de dolor, Hero se lanzó a las aguas, en busca del alma de su amado.
Hay quienes dicen que la tormenta duró días, y Leandro esperó paciente para poder cruzar, más las ansias de ver a su amada Hero, le hicieron partir a la octava noche en dirección a la torre. Desde la cual, Hero pudo ver como su amor se ahogaba y desquiciada de dolor, se lanzó al vacío desde la ventana, cayendo al mar, junto con Leandro. 

Lilith

Primera mujer de Adán, según las tradiciones cabalísticas. De ningún modo, pues, surgió de la costilla masculina sino que fue creada igualmente de la tierra y la sangre, por lo que desde el primer momento rechazó someterse al dominio viril. "¿Por qué he de acostarme debajo ti? Yo también fui hecha de barro y sangre, por consiguiente somos iguales". La pareja se deshizo tras haber engendrado una abundante prole y su descendencia fue demoníaca.
Lilith además mantuvo después relaciones con diversos seres diabólicos que ella misma había engendrado, naciendo así a través del tiempo las estirpes más oscuras que conocio la Tierra.
Adán, recuperado del trauma con una segunda mujer, Eva, que era la perfecta antítesis de la anterior, omitió por completo el pasado obscuro que vivió junto a su primera mujer.
Desde entonces Lilith, la indómita Lilith, por carecer de la maldición divina de la muerte, es la encarnación de la inmortal figura diabólica femenina de las tradiciones judaicas, una exacta contrapartida de la Virgen María, denominada "el Demonio del Viernes" en la cábala.

Seductora y hechicera, pérfida y llena de sabiduría, habitando para siempre en las ruinas desoladas (con la única compañía de cuervos, chacales, serpientes y sobre todo búhos, su animal sagrado), se atribuye a Lilith la práctica sistemática del infanticidio como origen de un rito ancestral. Igualmente, simboliza la lujuria femenina insaciable y sin ánimo de reproducción, la mujer que toma la iniciativa en la seducción con el único fin del placer, despreciando la pasividad erótica que la mentalidad judeocristiana asigna a las personas de su sexo.