martes, 15 de abril de 2014

Cachorro

Vivía en Triana un gitano, de los conocidos como castellanos nuevos, apodado "Cachorro", quien atravesando cada día el puente de barcas, junto al castillo de San Jorge, llegaba a Sevilla.
Un payo residente en la ciudad empezó a sospechar de este hombre, pensando que su visita no era por otro motivo que el de cometer adulterio con su propia esposa. Los celos llegaron a tales extremos que, cierto día, sabiendo de la visita del gitano a la venta Vela, lo esperó oculto. No hizo mas que llegar, ajeno a la suerte que iba a correr, mientras sacaba agua del pozo que junto a la venta existía, le fueron asestadas siete puñaladas que le ocasionaron la muerte.
Se asegura que Francisco Ruiz Gijón, el escultor de la imagen del Cristo de la Expiración, estuvo presente en el suceso y que tuvo oportunidad de presenciar la agonía del gitano Cachorro. Captó con la mirada el rostro de aquel moribundo en el instante de su muerte e hizo suya la expresión terrible que plasmó con toda naturalidad en la obra que en esos días estaba realizando.

La leyenda vino a completarse con la investigación llevada a cabo por la justicia en la que al fin se conoció la verdad. En efecto el gitano Cachorro visitaba cada día a una mujer, aunque resultó que esta dama era en realidad su propia hermana bastarda. El gitano, en el intento de mantener el secreto por temor a perjudicarla, dado su origen, había sido descubierto y acusado de aquellas erróneas intenciones.

Tiresias

Tiresias es un adivino muy conocido en la mitología griega. Nacido en la ciudad de Tebas, se dice que es el único mortal que ha conocido ambos sexos.
Tiresias era un hombre que quedó ciego desde muy joven. Según se cuenta, su ceguera proviene de la diosa Atenea, ya que un Tiresias adolescente la sorprendió mientras se bañaba en un río. Otras fuentes dicen que fue la diosa Hera la que lo dejó sin vista, al darle Tiresias la razón a Zeus en una disputa que mantenía la pareja divina sobre cuál de los dos sexos experimentaba más placer sexual.
Según narra Ovidio, una mañana Tiresias encontró a dos serpientes que estaban en pleno acto de apareamiento. El joven las separó, y este hecho provocó que acabase convertido en mujer. No fue hasta siete años más tarde, cuando Tiresias volvió a encontrar a las mismas serpientes realizando el mismo acto y las volvió a separar, que recuperó su condición de varón.
Fue este hecho el que provocó que Zeus y Hera recurriesen a él para mediar en su discusión sobre cuál de los dos sexos experimentaba mayor placer. Tiresias confirmó que era la mujer, dando la razón a Zeus, y fue entonces cuando según se dice, Hera le dejó ciego.
Para compensarle, Zeus otorgó a Tiresias el don de ver el futuro y la condición de oráculo, además de una larga vida en comparación al resto de los mortales. Asimismo, en la Odisea se dice que Tiresias fue el único que conservó su conciencia y sus capacidades de adivinación pasada la muerte, en el Inframundo.

Los cuatro Jinetes del Apocalipsis

Según los escritos bíblicos, los Jinetes del Apocalipsis serán los que dirijan la destrucción del mundo mortal cuando comience el Armagedón.
Serán enviados por Dios a la Tierra para transportar las plagas y aparecerán cuando Jesucristo abra los cuatro primeros sellos de los siete que posee el pergamino que Dios lleva en su mano derecha.
Al contrario de lo que muestran libros, películas y otros trabajos mal documentados, los cuatro Jinetes de los que habla la Biblia son Victoria, Guerra, Hambre y Muerte, siendo este último el único cuyo nombre se menciona, pudiendo ser también su nominación la de Peste.
Victoria es el Jinete que cabalga en blanco corcel.
"Cuando abrió el primer sello, oí al primer ser viviente, que decía: Ven. Miré y vi un caballo blanco, y el que montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor, y para vencer."
Porta un arco como símbolo de la expansión del Cristianismo por todo el mundo, una expansión manchada de sangre. Simboliza los engaños, la maldad camuflada en una bella apariencia, los falsos profetas que engañan a las mentes débiles y las conducen al precipicio prometiéndoles una inexistente paz eterna.
Guerra, el segundo Jinete, monta en un caballo rojo como la sangre.
"Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: "Ven". Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande."
Porta una espada con la que siembra la discordia y la destrucción, simbolizando todas las Guerras Santas que han llevado a cambio los hombres justificando la brutalidad y la codicia bajo la imagen de la fe.
El tercero de los Jinetes es Hambre, que cabalga un corcel negro.
"Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: "Ven". Miré, y vi un caballo negro. El que lo montaba tenía una balanza en la mano."
Hambre porta una balanza semejante a las que se utilizaban para pesar el pan en época de escasez y con ella distribuye el alimento de manera desigual, quitándole el pan a unos para dárselo a otros y a éstos para dárselo a los siguientes, de tal forma que todo el mundo tenga comida pero nadie pueda comer.
También es el encargado de que al Templo de Jerusalén nunca le falte comida mientras a su alrededor se amontonan los cuerpos de los hambrientos.

El último de los Jinetes es Muerte, montada sobre un caballo pálido y enfermizo, del mismo color que los cadáveres.
"Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: "Ven".
Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra."
También se le llama Peste o Pestilencia por la mortandad que ésta provoca y la plaga que este Jinete trae.
Unos escritos dicen que le acompaña Hades; otros, que porta una guadaña. 


lunes, 14 de abril de 2014

Feng Huan

Esta vez voy a hablar sobre Feng Huan, el ave fénix propia de China. Después del dragón, se trata de la criatura mítica más respetada para los chinos en su calidad de soberana de todas las aves. Las descripciones del Feng Huan varía, pero la mayoría enfatiza los colores encendidos del plumaje de su cola, que se parece a la de los pavos reales, la cabeza y el cuerpo de faisán, los cuartos traseros de ciervo y el cuello de serpiente. Su cuerpo simboliza a los seis cuerpos celestes; Cielo (cabeza), Sol (los ojos), Luna (el lomo), Viento (las alas), planetas y estrellas (cola). Como dato relevante diré también que sus plumas contienen los 5 colores elementales: negro, blanco, rojo, verde y amarillo.
Originalmente, el Feng Huan era en realidad la unión de dos aves. Feng era el espécimen macho (o yang y símbolo del ciclo solar) y Huang era el pájaro hembra (o ying, representación del ciclo lunar). Las imágenes de ambas aves unidas simbolizaban el amor eterno entre marido y mujer, razón por la cual en las bodas chinas destacaban las decoraciones con varias aves similares a Feng Huan.
Con el paso del tiempo, las aves macho y hembra se fusionaron en una única criatura hembra, símbolo de la emperatriz china, en especial cuando aparecía emparejada con el dragón, que representaba al emperador.


Según la leyenda, Feng Huan apareció por primera vez ante el emperador Huang Di alrededor del año 2600 a. C. Al igual que el unicornio chino Ch'i lin (conocido como Kirin), la llegada del ave señaló una época de prosperidad y marcó el ascenso al trono de un magnánimo nuevo emperador. Esta creencia se ve reflejada en este refrán chino "Cuando el Dragón se eleve y el Fénix dance, el pueblo será feliz durante años, porque ambos aportarán paz y tranquilidad a todos los que vivan bajo los cielos".

El Feng Huan encarna cinco virtudes: benevolencia, rectitud, propiedad, sabiduría y sinceridad, y según la mitología china se trata de una de las cuatro criaturas celestiales que rigen los cuadrantes del Cielo. El dragón verde rige el este y la primavera; el tigre blanco el oeste y el verano; la tortuga negra el norte y el invierno; y el fénix rojo el sur y el otoño.

Los peces ignorantes

Cierto día se encontraron en el océano un Atún, una Merluza y una Dorada. Se pusieron a hablar de banalidades, ya se sabe que los peces carecen de buena memoria y no son precisamente unos intelectuales; sin embargo, en cierto momento de la insulsa conversación, el Atún dijo:
-Señoras, he aquí una pregunta que me tiene hastiado por no encontrarle respuesta.
"¿Sabrían decirme qué es el agua? Porque, para mí, se trata de una materia completamente desconocida."
La Merluza, con aire intelectual, intervino tajante:
-El agua es una invención de ciertos pescados filósofos que no tienen otra cosa que hacer que divertirse entreteniéndonos con sus historias. Créanme, es algo por lo que no merece la pena preocuparse ni un instante.
La Dorada opino entonces:
-El agua es una fuerza invisible y maravillosa que concede poderes mágicos a aquellos que aprenden a dominarla según los ritos de los antepasados.
Como no llegaban a un acuerdo y cada uno despreciaba las ideas de los demás, decidieron ir a buscar a algún habitante marino lo suficientemente sabio como para resolver la disputa.
Encontraron a una Ballena, de edad venerable y gran experiencia como viajera, que quizás podría resolver todo aquel asunto.


Le presentaron sus respetos y le hicieron la pregunta que les torturaba:
"¿Qué es el agua?"
Ella les contestó:
-El agua es el elemento vital en el que vivís y también del que coméis. Os rodea por todas partes y penetra en vosotros hasta el punto de que casi sois uno con ella. Vivís y nadáis dentro del agua y si salís de ella morís. Por eso no la veis, ya que lo más difícil de ver es lo que tenemos más cerca de nosotros.
Los tres peces se miraron entre ellos, dieron las gracias de manera confusa y se marcharon.
Cuando estuvieron lejos de la Ballena, comentaron:
-¿Y la llaman sabia? Está loca y desvaría, no tiene idea de lo que habla.

Y cada uno se fue por su lado tras haberse puesto de acuerdo en contra de la ballena, aún dándole vueltas a su propia teoría. 

Mate

Narran los guaraníes, que la luna, Yacy, paseaba siempre curiosa, observando todo bajo ella. Los bosques, las lagunas, los ríos y las altas montañas. Cada noche contemplaba el mundo, con curiosidad infantil, como si fuese la primera vez.
El sol y las estrellas le contaban relatos de lo que había visto en sus visitas a la tierra, y las nubes maravillaban a Yacy con todo aquello que vivían cada vez que bajaban. Le contaban como vivían los animales, cuan bellas eran las flores y lo mágico de su aroma, el piar de los pájaros, el murmullo del río... Todo aquello no hizo más que agrandar la curiosidad de la Luna, que deseaba con fuerza pisar el verde manto terrestre.
Con este deseo se dirigió con su amiga Arai, la nube, a pedirle permiso a Kuarai, el dios sol, para poder bajar a la tierra una noche. Este, sabiendo los peligros que implicaban bajar a la selva, intentó disuadirlas. Pero tales eran las ganas de ambas, que no tuvo más remedio que acceder. A condición de que serían vulnerables a los peligros de la selva, como todos los humanos, pero estos no podrían verlas. Contentas y emocionadas por poder ver todas las maravillas de la tierra, marcharon felices.
Así fue como Yacy y Arai, la luna y la nube, bajaron a la tierra, convertidas en dos bellas jóvenes de pálida piel y larga cabellera.
Observaron asombradas como las arañas tejían, como vivía la gente en los poblados, sintieron el agua y el viento en su piel. Y se sentían fascinadas por todo aquello que habían visto desde el cielo.
Tan absortas estaban las diosas que no vieron aparecer al jaguar que las acechaba. Este, muerto de hambre las vio como un sabroso bocado. Estaba tan cerca que de un zarpazo serían suyas.
A tan solo unos segundos de la desgracia de muchachas, una flecha atravesó el cuerpo del jaguar. Un cazador guaraní había salvado la vida de las deidades sin darse cuenta, puesto que ellas eran invisibles. El cazador, cansado y feliz por la caza, se echó a descansar bajo la sombra de un árbol.


En sueños, las diosas se le aparecieron, vestidas de blanco, hablándole con cariño, ambas le agradecieron el haberle salvado la vida. Yacy le dijo, que como gesto de eterna gratitud, encontraría una planta que uniría a todas las tribus y sería símbolo de hermandad entre ellos.
Al despertar y volver con su gente, comprobó que la planta allí crecía. Así que el cazador buscó una calabaza hueca, y siguiendo las instrucciones de la luna, picó, secó las hojas y le añadió agua caliente. Tras esto, con una pequeña caña, probó la infusión.
El cazador compartió la bebida con su tribu, y estos se sintieron felices y en paz. Así nació la planta del mate, regalo de la Luna, símbolo de paz y fraternidad, para que los hombres se sientan unidos y la compartir convivencias, fomentar amistades o disfrutar simplemente en un agradable silencio, escuchando a la naturaleza. 

Simurgh

Simurgh, el fénix de oriente, es el ave mítica de Persia, tan antigua que ha presenciado la destrucción del Universo en más de tres ocasiones. Se trata de una inmensa criatura con forma de pavo real y plumaje espectacular, que posee las garras de un león y es lo suficientemente grande como para cargar con un elefante o una ballena.


En un clásico de la literatura sufí titulado 'La conferencia de los pájaros', de Farid ud-Din Attar, mil aves vuelan tras una pluma caída del cuerpo de un Sumurgh. Después de recorrer siete valles y superar cientos de dificultades y pruebas, treinta de los pájaros llegan a la morada del Simurgh cuyo nombre puede ser traducido como "treinta pájaros". Cuando ven al ave, los pájaros se dan cuenta de que la identidad individual no existe, ellos son el Simurgh y el Simurgh es ellos. Entonces, al igual que gotas que caen en el océano, se sacrifican gloriosamente a si mismos en el Simurgh y encuentran la paz mística, la dicha y la inmortalidad.